El arte como construcción social y conocimiento: De la teoría estética al desafío pedagógico
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Adela Acevedo[1]
Resumen
El presente artículo explora la naturaleza compleja del arte, entendiéndolo no como una categoría estática, sino como un fenómeno construido en la intersección de la teoría, la sociedad y la educación. Se realiza un recorrido histórico que transita desde la mímesis clásica hasta las teorías contemporáneas de validación institucional. Asimismo, se analiza el arte desde una perspectiva sociológica como un campo de lucha por el poder simbólico y como un sistema de cooperación colectiva. Finalmente, se aborda la inserción del arte en el sistema educativo argentino bajo la Ley N° 26.206, planteando la necesidad de garantizar el acceso al conocimiento artístico como un derecho ciudadano que promueve la inteligibilidad del mundo y el desarrollo personal.
Palabras clave: Arte. Campo artístico. Cooperación colectiva. Construcción social. Educación artística. Derecho ciudadano
Abstract
This article explores the complex nature of art, understanding it not as a static category, but as a phenomenon constructed at the intersection of theory, society, and education. It traces a historical path from classical mimesis to contemporary theories of institutional validation. Furthermore, it analyzes art from a sociological perspective as a field of struggle for symbolic power and as a system of collective cooperation. Finally, it addresses the integration of art into the Argentine educational system under Law No. 26,206, arguing for the need to guarantee access to artistic knowledge as a civic right that promotes an understanding of the world and personal development.
Keywords: Art. Artistic field. Collective cooperation. Social construction. Art education. Citizen's right.
1. Introducción
El concepto de arte ha transitado una compleja evolución que va desde la valoración del objeto físico hasta la relevancia del contexto y la validación institucional. Fue transformándose en la contemporaneidad en un fenómeno multidimensional donde la intención del artista, la teoría estética y las redes sociales de colaboración juegan un papel determinante. Desde la sociología, autores como Pierre Bourdieu y Howard Becker proponen que el arte no es el resultado de una "genialidad aislada", sino un producto de campos de lucha por la autoridad simbólica y de sistemas de apoyo funcional. Esta comprensión del arte como una construcción social y un campo de conocimiento legítimo fundamentan su necesidad en el ámbito educativo. Allí no busca la formación de grandes genios, sino garantizar el derecho de los estudiantes a acceder a saberes culturales socialmente relevantes y a una vida estética enriquecida.
2. Evolución del concepto de arte: Del objeto al contexto
Históricamente, la definición de "arte" ha cursado desde modos específicos del objeto hacia factores externos relacionados con el contexto y la validación teórica. En la Antigüedad clásica, el arte se validaba mediante la mímesis o imitación de la realidad. Desde una perspectiva divergente, este concepto era disputado: mientras que Platón lo criticaba por considerarlo una "imitación de una imitación" del Mundo de las Ideas, Aristóteles valoraba la mímesis como un proceso de aprendizaje y purificación emocional o catarsis.
Posteriormente, en la modernidad, Immanuel Kant desplazó el foco hacia la experiencia del espectador, planteando que el arte produce una "satisfacción desinteresada". Para Kant, lo bello agrada de forma universal sin depender de una utilidad o concepto previo, situando el valor en el "gusto". No obstante, durante los siglos XIX y XX, la estética se expandió para incluir categorías antes excluidas, como lo sublime, lo feo y lo abyecto. En este marco contemporáneo, figuras como Marcel Duchamp demostraron que una obra puede ser tal por la mera intención del artista, mientras que Arthur Danto sostuvo que un objeto es arte solo si existe una teoría y un contexto histórico que lo respalde.
Frente a las teorías estéticas que se centran en la belleza o la forma, la sociología busca entender el arte como un sistema de relaciones sociales. Dos de los pilares para comprender este fenómeno son Pierre Bourdieu y Howard Becker.
Para el sociólogo francés, el arte se constituye como un 'campo' de lucha donde los actores compiten por la autoridad de definir qué es valioso, define el campo artístico como un microcosmos con reglas propias, donde el éxito depende de la posición que se ocupa y de los recursos que se poseen. Por consiguiente, el título de artista no es algo que se posea de forma natural; lo otorga el conjunto de agentes: críticos de arte, museos, o los galeristas que poseen el "capital cultural" necesario para validar una obra. Cuando las instituciones (academias, bienales) "consagran" a un artista, le otorgan un poder casi mágico: su firma puede transformar un objeto cotidiano en una obra de arte legítima. Además, el arte sirve como una herramienta de distinción social. Quienes tienen el "ojo" educado (el prestigio) son los que validan la obra, marcando una frontera entre quienes pertenecen al campo y quienes quedan fuera.
Complementariamente a la noción de campo de Bourdieu, Howard Becker en su obra Mundos del arte, propone una visión pragmática donde el arte es un trabajo colectivo y una red de cooperación. Bajo esta mirada, algo es arte si la red (proveedores, curadores, transportistas) acepta trabajar sobre el objeto bajo esa formalidad. El artista es quien realiza la tarea central, pero su reconocimiento depende de una estructura que sostiene y valida su posición. Para que una obra exista, se necesita de quienes fabrican los materiales, quienes transportan las piezas, quienes escriben los catálogos y hasta quienes limpian los museos. Para Becker, el "artista" es simplemente quien realiza la tarea central, la idea o ejecución principal. Sin embargo, solo puede ser llamado así porque hay una red que acepta esa división del trabajo y reconoce a esa persona como el núcleo creativo. Si la red de personas involucradas acepta trabajar sobre un objeto bajo la etiqueta de "arte", entonces el objeto se convierte en arte. Bajo esta mirada, el arte es el resultado de un sistema de apoyo funcional más que de una genialidad individual aislada.
3. El arte en la escuela: Conocimiento, derecho y ciudadanía
Bajo esta premisa de que el arte es un saber construido, su presencia en el sistema educativo resulta imperativa. En Argentina, la Ley de Educación Nacional N° 26.206 (2006) establece formalmente al arte como un campo de conocimiento. En sintonía con este marco legal, Flavia Terigi sostiene en su texto "Reflexiones sobre el lugar de las artes en el curriculum escolar"[2] , que la educación artística no debe enfocarse en una formación de "alto rendimiento" o preparación profesional, sino que constituye un derecho y una herramienta de desarrollo personal. Por el contrario, la escuela debe pensarse como una institución cuya meta es que todos los alumnos accedan a "saberes y experiencias culturales que se consideran socialmente relevantes". El compromiso escolar radica en ampliar el horizonte de experiencias estéticas brindando oportunidades para que los alumnos accedan a saberes y experiencias culturales socialmente relevantes. Asimismo, se busca fomentar tanto la producción como la apreciación artística, facilitando que los estudiantes creen obras mediante diversos lenguajes y aprendan a valorar las creaciones de sus pares y de artistas de renombre. Ahora bien, que las materias artísticas se encuentren en el curriculum escolar no responde a la finalidad de garantizar el acceso a las experiencias conectadas con la producción real; sino a la de promover una "vida diaria estéticamente rica" y dar los códigos necesarios para que todos se sientan con derecho a disfrutar y producir cultura. El arte en la escuela debe ser una herramienta para que el mundo sea más inteligible, evitando el "agobio espiritual" que produce el aislamiento de la cultura.
4. Conclusión
Para finalizar, el arte se define hoy como un fenómeno indisociable de la vida humana y de las estructuras sociales que lo sostienen. Como se ha analizado, la transición desde la experiencia estética individual de Kant hacia la visión sociológica de Bourdieu y Becker permite entender que el "artista" es un rol validado por una red de agentes —críticos, curadores y colaboradores— que operan bajo reglas específicas de un campo cultural. Esta perspectiva desmitifica la figura del creador solitario y posiciona al arte como un trabajo colectivo y un sistema de relaciones sociales.
Bajo esta mirada, la inserción del arte en el currículo escolar adquiere una dimensión política y ciudadana fundamental. No se trata de una asignatura accesoria, sino de una herramienta para que los estudiantes adquieran los códigos necesarios que les permitan sentirse con derecho a producir y disfrutar la cultura. Al fomentar tanto la producción propia como la apreciación de obras ajenas, la escuela cumple su compromiso de ampliar el horizonte de experiencias de los jóvenes, combatiendo el "agobio espiritual" y haciendo que el mundo sea más inteligible para ellos. En definitiva, el arte en la escuela es la vía para transformar un recurso de distinción social en un derecho universal que promueve la libertad de expresión y la integración cultural.
Bibliografía consultada
Akoschky, Judith y otros Artes y escuelas. Aspectos curriculares y didácticos de la educación artística. Editorial Paidós, 2002
Becker, Howard S. Los mundos del arte. Sociología del trabajo artístico 1° ed Universidad Nacional de Quilmes 2008
Bourdieu, Pierre El sentido social del gusto. Elementos para una sociología de la cultura. 1° ed Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2010
Ley de Educación Nacional N° 26.206 Ministerio de Educación Nacional 2010
[1] Directora de Oiear! Directora de Revista Oiear! Docente, Licenciada en Gestión Educativa (Universidad del Salvador) , profesora de Teatro; ex Subdirectora provincial de la Dirección de Educación Artística Provincia de Bs As (2008-2011); ex Inspectora de Educación Artística Región educativa N° 9 Provincia de Bs As
[2] Capítulo 1. Artes y Escuelas. Autores varios.





