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Entrevista a Ramiro Lezcano. Canciones Urgentes: música, educación y ruralidad como herramientas para la transformación social


Por Silvia Amaya


Ramiro Lezcano es músico y docente en San Marcos Sud, provincia de Córdoba. Se desempeña en aulas rurales de manera ad honorem, guiado por una profunda vocación y por la convicción de que la enseñanza de los lenguajes artísticos construye una herramienta transformadora y profundamente humanista. La película “Una canción para mi tierra”, que se presenta en cines de Argentina y el exterior, registra el proyecto  pedagógico Canciones Urgentes para mi Tierra, nacido de la relación con sus alumnos y con el suelo que habitan.


Para empezar a recorrer tu camino, ¿cómo definís hoy tu trabajo dentro del aula y cómo fue ese tránsito entre el conservatorio y la docencia?

Me considero un trabajador de la educación. Cursé tres años de conservatorio, pero descubrí que no era lo que quería transmitir en las aulas. Sentía que mi búsqueda como músico y docente iba por otro lado, así que empecé el profesorado de Psicología, Filosofía y Ciencias de la Educación en Bell Ville. Vivo en San Marcos Sud, un pequeño pueblo en plena llanura pampeana, una región dedicada mayormente a la producción agropecuaria. Mi formación me dio la posibilidad de ligar la música y la educación como una herramienta de transformación social y un puente generacional. El proyecto Canciones Urgentes nace en la ruralidad, en escuelas que funcionan con la modalidad de plurigrado, reuniendo chicos desde jardín de infantes hasta sexto grado en una misma aula y hoy tiene sedes en San Marcos Sud, Chilibroste, Saira y Bouquet, donde se sumaron estudiantes de escuelas rurales e integrantes de coros de niños y jóvenes.

Eso marca una diferencia clara con el sistema urbano institucionalizado, que suele ser más fragmentado y rígido. En la flexibilidad de la escuela rural el más grande ayuda al más chico, ajustándose al diseño curricular pero desde una lógica transversal.

Totalmente, al nacer en la ruralidad, esa flexibilidad hizo posible el proyecto. Cuando descubrí que en las escuelas rurales cercanas a mi pueblo no había clases de música porque no existía el cargo de profesor, situación que aún persiste diez años después, sentí la necesidad de proponerles a las docentes llevar la música de manera ad honorem. A veces recibo mensajes de colegas que me dicen: "Ramiro, en mi escuela soy el decorador de los actos". Los llaman dos días antes para armar una canción descontextualizada con el único fin de ornamentar. La función del docente de artística es muchísimo más abarcativa. Podemos embellecer un acto, claro, pero lo que hacemos debe estar transversalizado y apoyado desde las otras asignaturas.

Viendo el proyecto, queda claro que se cruzan contenidos de educación ambiental, música y una fuerte base en la filosofía latinoamericana: educar situados en el suelo que se pisa, construyendo identidad y soberanía.

Coincido. La filosofía latinoamericana fue un gran pilar en mi formación, fui un aficionado ferviente gracias a profesores que me recomendaron libros que ni siquiera estaban en la currícula oficial. Me parecía sumamente atractivo eso de reconocernos seres humanos en un territorio particular, con sus circunstancias, y construir lenguajes desde ahí. El lenguaje sigue siendo hoy la arena donde se disputa el sentido común. Yo sabía que la música es un canal fundamental para trabajar transversalmente; ese fue el caldo de cultivo. En principio no iba a ser un proyecto, iba a ser solamente una canción. Mis clases en las escuelas rurales comenzaron con la premisa de que yo iba a tocar y la clase duraría lo que durara el entusiasmo.

Comencé en seis escuelas rurales, llevando canciones y discos para escucharlos en ronda en el patio. En una de esas jornadas, un alumno me dijo que le ardían los ojos y otro que le picaba la garganta; caímos en la cuenta de que había pasado un mosquito fumigador en el campo colindante. Estuvimos intoxicados cuatro o cinco días con dolor de cabeza, malestar estomacal e irritación. Ante esto, propuse transformar esa angustia en arte mediante una escritura colectiva. Investigamos qué era ese agrotóxico, quién lo fabricaba y por qué se aplicaba. Así surgió la primera canción: Juguemos en el campo mientras Monsanto no está, utilizando la intertextualidad con un texto del imaginario colectivo para resignificarlo en nuestra realidad.

Luego llevé el estudio de grabación a cada escuela para que los chicos grabaran en su propio espacio. Cuando escucharon sus voces, un alumno de segundo grado sugirió invitar a Pablo Milanés. Aunque al principio dudé, a la clase siguiente propuse armar una pancarta que dijera: "Pablo ayudanos, canta con nosotros". Los chicos la pintaron, estamparon sus manos, sacamos una foto frente a la escuela y la enviamos por mensaje privado de Facebook a una dirección que encontré de él. Lo hice con cero expectativas, solo para demostrarles a mis alumnos que al menos lo habíamos intentado. Para nosotros, que somos del interior profundo, cruzarte con referentes de la música en la calle es imposible; los artistas no vienen a estos pueblos porque no hay infraestructura.

Sin embargo, a los diez días Pablo Milanés se comunicó conmigo a través de un audio: "Yo tengo muchos amigos en Argentina. No sé quién sos vos ni quiénes son tus alumnos, pero llego a La Habana, grabo la canción y te mando la voz". Pasé tres días pensando si era un sueño. Cuando llegó el mail con su voz, lo escuché solo en mi casa, llorando de la emoción. Al ir a la escuela a darles la sorpresa, el mismo alumno de segundo grado se paró con total naturalidad y me dijo: "Profe, viste que iba a grabar". Ese comentario fue mi primer gran sacudón pedagógico. Me di cuenta de que yo no iba a la escuela solo a enseñar, sino a reaprender lo que ya había olvidado: a volver a soñar y a proyectar utopías. Desde ese día me empecé a sentar con ellos en el piso a escribir, a mirarlos desde un lugar mucho más contemplativo.

Después de Pablo se sumaron Zeta Bosio, Miguel Cantilo, Jairo, Fabiana Cantilo, Hilda Lizarazu, Botafogo y Peteco Carabajal, entre muchos otros. A varios fui a grabarlos a Buenos Aires en el rol de productor, sin poder creer que estuviera trabajando con los artistas cuyos discos escuchaba de pibe en mi cama. Hoy me sigue pareciendo extraño que suene el teléfono y sea León Gieco preguntándome cómo viene la película del proyecto.

Describís un método de enseñanza real y aplicable, en un contexto donde los docentes a veces sienten que a los jóvenes no les interesa nada fuera de las pantallas. Tu enfoque, al partir de una inquietud que cruza geografía, política y economía, aborda el diseño curricular mediante un proyecto de investigación y composición. Esto interpela directamente la formación docente tradicional.

El contenido no debe ser un dogma dictado de forma vertical por el profesor sólo porque figura en el diseño, debe ser significativo. En una escuela fuera del proyecto, ante el impacto del conflicto de Gaza, propuse cantar Sólo le pido a Dios y toda la escuela se involucró de manera interdisciplinaria: Educación Física diseñó un símbolo de la paz a escala humana, Matemática calculó las proporciones en el terreno y Ciencias Naturales trabajó la geografía y características del lugar. Eso es trabajar de manera transversal.

Este proyecto apunta a no naturalizar los problemas y a mantener intacta la capacidad de asombro ante lo que nos pasa cotidianamente para transformarlo en arte. En el segundo disco incluimos una canción llamada Refugiados (luego reversionada en el tercero) que no habla de una situación ambiental local. Un alumno llegó al aula contando que había visto en la televisión cómo la Cruz Roja recibía en las costas de España a personas que venían en barcos, mencionando que muchos se habían ahogado en el intento. El estudiante trajo esa inquietud y, entendiendo que era un asunto humanitario urgente, pasamos un mes de investigación sobre las crisis globales de refugiados, e incluso nos contactamos con personas desplazadas en España y Francia para escribir la letra. La canción Luna Triste surgió de manera similar por un niño del Chaco desplazado de su hogar por las topadoras; es una obra sin final feliz porque retrata un despojo real. El proyecto selecciona temas urgentes para la humanidad, ya sea la quema de humedales, los desmontes masivos o las crisis sociales.

El eje inicial era lo ambiental, pero se fue ampliando ante las emergencias humanas que surgen de forma espontánea en el aula.

Exacto, porque tiene que ver con el ser humano en la Tierra, con el egoísmo y las mezquindades globales. Es el mismo desarraigo que sufrió el niño que vino del Chaco. Estas personas son expulsadas de sus territorios por guerras o hambrunas, y llegan a lugares donde sufren el rechazo. Si al alumno le llamó la atención, nuestro deber es darles entidad a sus sentimientos y transformarlos en arte para contar la historia desde nuestro lugar. El contenido que termina produciendo el chico está contemplado en el diseño curricular, no hacemos cualquier cosa; lo que cambia radicalmente es el punto de partida.

Desde nuestro espacio buscamos rescatar lo que pasa en las aulas. A veces los trayectos de formación enseñan mucho contenido técnico musical, pero olvidan el posicionamiento docente, la escucha al otro y las herramientas para construir una obra colectiva. ¿Qué pasa cuando llevás esta experiencia a los espacios de formación docente?

Mi objetivo actual es visitar los Institutos de Formación Docente para transmitir esta experiencia pedagógica. La profesión docente hoy se encuentra desvalorizada, pero ocupamos un lugar de privilegio: con una canción, una mirada, un libro o un abrazo tenemos la capacidad de cambiarle el día a un alumno o de abrirle una perspectiva para toda la vida. A veces perdemos esto de vista por el vértigo cotidiano. Intento llevar la premisa de que hay transformaciones viables dentro del mismo sistema, requiriendo principalmente un cambio de actitud y la validación de las inquietudes de los estudiantes.

Muchos me preguntan cómo logramos sostener este proyecto en escuelas monitoreadas por inspecciones. El proyecto funcionó como un caballo de Troya. Durante cuatro años desarrollé el primer disco en silencio mientras dictaba mis clases. Después de grabar a más de 300 artistas, busqué a ingenieros de audio históricos de nuestro rock nacional para la mezcla. Cuando la región descubrió el proyecto, este ya contaba con la estructura y la voz de Rubén Blades, León Gieco, Víctor Heredia y Pablo Milanés. Tenía una plataforma consolidada que hacía muy difícil una respuesta institucional negativa.

También legitimamos el trabajo docente desde el entramado social. Cada canción cuenta con su propia estética visual, con una ilustración realizada por artistas argentinos independientes, una idea que también nació de un alumno. Cuando editamos el primer disco, me preguntaron: "Profe, los discos que vos nos traés tienen dibujos, ¿por qué el nuestro no?". Tenían toda la razón. Buscamos portafolios en internet, los chicos elegían las estéticas que les interesaban y contactábamos a los ilustradores para proponerles que resignificaran libremente la canción desde su singularidad, con total respeto y sin imponerles nada, salvo el formato cuadrado para el disco. Así sumamos a 30 o 40 ilustradores. Con los videoclips pasó lo mismo: los chicos, reflejados en su consumo de YouTube, propusieron incorporar videos y contactamos a realizadores audiovisuales que trabajaron con absoluta libertad creativa.

Al enseñar este lenguaje construyen un discurso ético-político con los estudiantes. Se posicionan frente a la realidad y señalan colectivamente lo que está mal, construyendo sujetos críticos.

Así es, el proyecto atravesó esa búsqueda frente a la realidad distópica que vivimos. La canción Este mundo es un espanto, cantamos para que no duela tanto nació porque un alumno trajo al aula las noticias de la guerra y otras realidades complejas. Recogí su palabra y les pregunté al grupo si les parecía que el mundo era un espanto. Al coincidir, compusimos un tema con ritmo de ska cuyo estribillo propone cantar, bailar y pintar para que no duela tanto. Es una forma de reconocer la realidad subyacente pero interponiendo un contrapeso desde el arte.

En este último álbum nos animamos a ser más literales debido a la maduración de los alumnos: muchos empezaron cantando en el jardín de infantes y hoy ya están en la secundaria, manteniendo su participación en el proyecto. Hay otra profundidad en la búsqueda de conceptos. Ellos entienden que el lenguaje es la arena donde se disputa el sentido común, y reivindican su voz, su territorio y su identidad a través de palabras, dibujos y videos. El objetivo final es contribuir a la construcción de una nueva conciencia ambiental a través del arte.

La obra ya pertenece a la comunidad y circula como recurso pedagógico. Pero analizando la película, hay un momento donde se muestra que a la directora le avisan: "Mañana no des clases porque vamos a fumigar". ¿Con qué frecuencia pasa que los chicos pierdan días de clase por esto?

En algunas instituciones específicas existen trabajadores rurales que tienen la delicadeza de avisar oficialmente, pero no constituye la norma general. En la mayoría de las escuelas no hay contacto con quienes arriendan los campos. Las normativas de exclusión de 500 o 1.000 metros resultan insuficientes ante la volatilidad de los agroquímicos, que pueden desplazarse varios kilómetros con una leve brisa. En San Marcos Sud la planta urbana limita con los campos a escasas cinco cuadras. Los relevamientos sanitarios realizados por profesionales médicos confirman que estos pueblos se encuentran en "zona roja"; los casos de cáncer y leucemia son tres veces más altos que en cualquier ciudad que no colinde con la actividad agropecuaria. Muchos de los investigadores que produjeron estos datos técnicos sufrieron sanciones o sumarios en sus ámbitos académicos, lo cual evidencia los intereses corporativos que rodean la situación.

Sin embargo, una de nuestras premisas fundamentales fue no adoptar una postura de denuncia punitiva o señalamiento individual hacia el productor. Nos entendemos como parte del problema y como rehenes de un modelo productivo global que requiere modificaciones urgentes; nuestra función es generar interpelación a través del arte. Cuando me preguntan si logramos generar un cambio con las canciones, respondo que el cambio más importante es que un alumno sepa que su voz y su historia valen, que pueden transformarse en arte y ser escuchadas por alumnos de otras provincias. Los cambios macro escapan a nuestra órbita, pero aportamos al debate. Como señala la viñeta de Mafalda: "Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista". Nosotros generamos arte que cuestiona para demostrar la viabilidad del cambio.

El documental logra plasmar esa tensión perfectamente. Contanos brevemente cómo se desarrolló.

El trabajo de la productora Cactus Cine fue riguroso. Desarrollaron un seguimiento de dos años y medio, sumado a dos años previos de preproducción. Los 90 minutos de metraje constituyen un registro documental estricto, libre de puestas en escena o guiones preestablecidos. Confiaron en la honestidad de la historia y trabajaron con una gran calidad humana, registrando a personas reales en sus roles reales: Silvia, la intendenta, los chicos. Incluso el coro de adultos que aparece al principio es el coro parroquial de uno de mis pueblos. Ellos me acompañaron en todo el proceso. Hay un dato que no es menor: yo entré a cada localidad trabajando primero con los coros de adultos para legitimar mi labor en la comunidad y, una vez ganado ese espacio, poder abordar las temáticas sensibles con los niños de manera constructiva, sin levantar barreras.

Como yo ya venía trabajando y ya existía el primer disco, para el documental decidieron seleccionar una escuela nueva, la de Silvia, para registrar el proceso desde cero y evitar réplicas artificiales. El equipo técnico se integró de manera fija en las esquinas del aula dos o tres veces al mes hasta que los chicos naturalizaron su presencia. Registraron hitos espontáneos, como la composición del tema Carancho de Metal, y situaciones imprevistas como las suspensiones previas al festival El Grito Ambiental en 2023, donde las cámaras captaron los llamados en el momento exacto. No hay nada actuado; es un testimonio fiel de la cotidianeidad escolar.

Para terminar, ¿qué balance hacés de la repercusión del proyecto y de las próximas presentaciones, como la charla en el Conservatorio Manuel de Falla?

El éxito del proyecto para nosotros era poder contar nuestra historia, más allá de la película o el reconocimiento posterior. Hace poco di una charla virtual para la Universidad de Quilmes y los alumnos me preguntaban cómo me atravesaba la repercusión de la película, que el año pasado me llevó a presentarla en Francia y a dar talleres en la Universidad de La Sorbona. Yo les respondía que nosotros ya éramos exitosos en el más absoluto anonimato. El éxito consiste en disfrutar de lo que hacés y plasmar tu historia a través del arte, llegue a donde llegue. En mis treinta años de docencia me ha tocado cruzarme con profesionales académicos llenos de títulos que en el trato cotidiano resultan déspotas, egoístas e insensibles; mientras que en la ruralidad me he encontrado con padres de alumnos que no terminaron el primario y que podrían darle un máster de humanidad a todos esos eruditos. La educación sin formación en humanidad no sirve para nada; si el conocimiento no te hace mejor ser humano, no tiene utilidad. Hoy parece que la escuela prioriza formar engranajes para el mercado laboral y olvida las vocaciones.

Respecto al Conservatorio Manuel de Falla, me invitaron para septiembre en Buenos Aires para hablar de la producción musical y del proyecto en sí. La idea es abordar tanto los aspectos pedagógicos que conversamos hoy como la trastienda de la producción, que se logró gracias a la voluntad de muchísimos artistas que se sumaron desde sus propias estéticas. Llevar esta perspectiva a un conservatorio tan prestigioso e histórico me parece un cruce muy interesante para contrastar y enriquecer las visiones tradicionales sobre la enseñanza institucional de la música.


Para conocer el proyecto, ingrese a la página de Canciones Urgentes para mi Tierra.


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